Piel sensible y reactiva

Médicamente no existe una enfermedad llamada ‘piel sensible’.

Sin embargo, sí hay patologías, como la rosácea o la dermatitis seborreica, que vienen unidas a una clara sensibilidad cutánea.

Bajo este término se califica a la piel que reacciona de forma exagerada a estímulos como la aplicación de determinados cosméticos, perfumes o factores ambientales de cambio de temperatura. Es decir, es una piel que se irrita con facilidad, que no tolera cualquier crema y que a menudo arde, pica o escuece.

La hidratación es fundamental, pero hay que evitar desmaquillarse con agua. Mejor utilizar leches o bálsamos.

Se está genéticamente predispuesto a tener este tipo de piel y, luego, el estilo de vida y las circunstancias externas hacen que pueda desarrollarse antes o después o con mayor o menor intensidad.

¿Cuáles son los factores que agreden a este indefenso tipo de piel?

  • Los factores internos son los más complicados de controlar. Dentro de ese capítulo entran determinados alimentos, como el alcohol o el picante, que para las pieles reactivas pueden arder tanto en la garganta como en las mejillas. También las emociones pueden provocar un exceso de sensibilidad (cutánea). Desde la falta de sueño y el cansancio al estrés, sin olvidar la angustia.
  • Los agresores externos son también variopintos. Desde los cambios de temperatura bruscos al sol, el viento, el aire acondicionado o la contaminación, la máxima es suavidad y suavidad.
  • Cualquiera de los componentes de un cosmético puede originar intolerancia, pero los más frecuentes son los conservantes y las fragancias. Determinados activos como el retinol, los alfahidroxiácidos o la vitamina C ácida también pueden ser excesivos para estas pieles.

La piel sensible ha de tratarse como la seda: con mucho mimo. Y sin agua o con la menor posible.

Para el desmaquillado, hay que usar productos ultrasuaves como aguas micelares, leches o bálsamos, que permitan eliminar el maquillaje sin frotar.

Usar fórmulas específicas para pieles sensibles.

La hidratación es imprescindible. Las pieles sensibles pierden agua con facilidad, lo que las fragiliza.

Es imprescindible ir siempre bien fotoprotegida .

Una dieta rica en omegas-3, 6 y 9 parece mejorar el estado de cohesión de la barrera epidérmica.

 

 

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