Las claves del envejecimiento de la piel

El envejecimiento cutáneo es un proceso continuo en el que progresivamente se producen cambios morfológicos y funcionales en la piel.  Se trata de un proceso complejo en el que intervienen muchos mecanismos, en el que se produce un declive en las funciones biológicas y en la habilidad para adaptarse al estrés metabólico. El paso del tiempo se relaciona con parte de estos cambios, que puede producirse más o menos rápidamente en función de nuestra predisposición genética y de la acumulación de factores ambientales. El estudio y conocimiento de los mecanismos cutáneos que se producen durante el envejecimiento y las variables genéticas que están involucradas en el proceso es fundamental para realizar un buen diagnóstico y conocer las necesidades de la piel en el tiempo.

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Durante el proceso de envejecimiento la piel experimenta cambios estructurales significativos. Incluso en las áreas fotoprotegidas se produce un adelgazamiento generalizado de la epidermis de un 10-50% entre los 30 y los 80 años de edad. Las alteraciones epidérmicas más importantes recaen sobre el estrato basal o germinativo (afectan principalmente las células madre) y sobre la unión dermoepidérmica, que sufre un aplanamiento progresivo. Este último cambio reduce la superficie de contacto entre la epidermis y la dermis, con lo que se incrementa la fragilidad cutánea.

Con el paso del tiempo los queratinocitos, que son las células predominantes de la epidermis, se acercan a su límite replicativo y entran en senescencia, permaneciendo en la fase de reposo del ciclo celular. Los melanocitos, que son las células que dan pigmento a la piel, disminuyen un 8-20% por década después de los 30 años de edad y desarrollan heterogeneidad morfológica y funcional. Las células de Langerhans, que son las constituyentes más importantes del sistema inmunológico en la piel, disminuyen con el envejecimiento y sufren una pérdida de eficacia en su función, con una menor capacidad de captación de antígenos y de formación de dendritas para presentarlos. Se cree que esto puede explicar la disminución en la capacidad inmunológica de la piel madura y aumento de la sensibilidad.

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En la piel joven sana, su componente principal es el colágeno, y entre las fibras elásticas se produce un depósito de proteoglicanos y glucosaminoglucanos. La superfície de la piel tiene una serie de cambios predecibles con la edad: las personas jóvenes tienen un patrón regular fino de arrugas y líneas estrechas, mientras que las mayores presentan unas arrugas más profundas y gruesas que aumentan progresivamente. El ácido hialurónico baja en concentración dérmica porque deja de ser sintetizado por los fibroblastos de la dermis y la piel reduce su retención de agua, quedando alterado el equilibrio hidro-lipídico de la piel,  también por menor rendimiento de los fibroblastos. Las fibras colágenas y elásticas disminuyen en cantidad y además se muestran distorsionadas, perdiendo la estructura original que otorgaba elasticidad a la dermis. El tejido conjuntivo de la capa hipodérmica se endurece y tiende a resecarse.

Además de los cambios intrínsecos por el envejecimiento, en las áreas donde la radiación ultravioleta (UV) incide con mayor frecuencia se pueden producir alteraciones degenerativas adicionales. Estos cambios no solamente son estructurales, sino que suponen una aceleración de la pérdida progresiva de las funciones cutáneas, lo definiríamos como fotosensibilidad creciente. El daño por radiación ultravioleta es mayor en los tipos de pieles más claras (fototipos I y II de Fitzpatrick) y en determinadas áreas como el dorso de las manos, la cara, el escote y la parte superior de la espalda.

Estas variables dermatológicas fundamentales que marcan el proceso de envejecimiento cutáneo, vienen definidas por procesos biológicos para los que cada persona ofrece una predisposición genética determinada. La utilidad de un diagnóstico dermo-genético es conocer la ruta de envejecimiento de la persona para poder ofrecer tratamientos preventivos y correctivos que maximicen la condición de su piel, logrando un envejecimiento lo más suave y controlado posible.

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